Existen diversas fuentes que atestiguan enfrentamientos entre los europeos que, por un motivo u otro, habían llegado hasta el archipiélago de Cipango y los guerreros autóctonos de la zona. Acerca de los mismos han corrido ríos de tinta impresa o virtual para posicionarse junto a uno u otro bando. Esgrimiendo (no pun intended) razones lógicas o espúreas, los apasionados del caballero occidental y los forofos del samurái japonés han pretendido siempre arrimar el ascua a su sardina y tapar la boca del contrario con el famoso argumento-babucha: te cierra el pico por puro asco.
En Páramon Jístori huímos de prejuicios, tópicos y verdades absolutas, y preferimos remitirnos, en la medida de lo posible a las fuentes primarias.
En esta ocasión ofrecemos un documento inédito sobre este controvertido tema. Procede del Archivo Histórico Nacional de Burundi y fue descubierto casualmente por un grupo de investigadores catalanes que trataba de demostrar que el almogávar es el personaje de recreación definitivo, por encima de templarios y vikingos. Los hechos tuvieron lugar en el puerto de Nagasaki, el 24 de junio de 1551, después del Telediario.
Sin más preámbulo...
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