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viernes, 25 de abril de 2014

El ciclado Arturo, behind the leyenda

No sería este un blog digno de un público refinado y cultísimo como todos ustedes si, tras tratar la grandiosidad milenaria del Egipto de las piedras, los dioses Pokémon, la industria conservera de faraones y de Cuarto Milenio, no hicera lo propio con otro de los sempiternos temas presente en toda tertulia de informáticos y demás intelectualoides servidores de la diosa madre Ciencia, así como en cualquier foro serio, pero serio de cojones, sobre novela histérica histórica: el controvertido final de la presencia político-institucional de la administración y el gobierno de Roma en Britania y sus más inmediatas consecuencias en la posterior conformación del nuevo paradigma histórico en el espacio socio-geográfico de las Islas Británicas (frase que muy bien habría podido intitular esta entrada, si no supiera yo de antebrazo que trato con gente de bien que no se deja engañar por la charlatanería propia de tesinandos babosos de rodilleras de cuero y amplio orificio bucal). Un tema apasionante que he tardado en sacar a la palestra porque deseaba estar completamente seguro de que disponía de droga suficiente era capaz de desarrollar la materia en un lenguaje sencillo, comprensible y alejado de todo gongorismo y florituras inanes.

El controvertido final de la presencia político-institucional de la administración y el gobierno de los ándalos en Westeros y sus más inmediatas consecuencias en la posterior conformación del nuevo paradigma histórico en el espacio socio-geográfico de las Islas de Poniente.
 Editorial Frécol, Carcosa, 2014.

Como recordaran los asiduos seguidores de Páramon Jístori -y si no ya se lo recuerda el link pertinente- en el año de Nuestro Señor Yei Si de 406, algunas bandas de violentos moteros antisistema criados al solaz del indolente buenrrollismo socialdemócrata del Divino Teodosio (español tenía que ser, y seguro que andaluz, que esos solamente viven del PER, de la PAC, de los FSE y del CUEN), trataron de joder las campanadas de fin de año, pues al grito de ¡Prepárate Igartiburu, que vas a arañar más que un galápago en un cubo de zinc!, el día 31 de diciembre cruzaron a lomos de sus monturas el Rin helado y se desparramaron por la Galia como una manada de japoneses por un mercadillo de bragas usadas. Ante la acampada solidaria de suevos, vándalos y alanos del movimiento Occupy Gallia Lugdunensis, al pijiprogre Honorio se le hincharon los tegumentos procreativos y decidió recurrir a un tío chungo de verdad, Manuel Valls Flavio Estilicón, un antiguo miembro de los Hammerskins que, al más puro estilo Edward Norton, se había reformado estudiando Derecho y entrando en política (dejen de reírse, si ustedes no creen que esto es una forma válida y digna de reinserción es porque son unos rojos de mierda), para que acabase con el cachondeo que habían montado en la amada tierra del queso azul y del porno con familiares. Porque la Galia, a principios del año 407 se había convertido en una rave loca organizada por Blesa, Correa y el Bigotes, y con Titus Maximus Paquirrinus como DJ estrella. De modo que, a mitad del verano, se habían agotado el queso azul, el foie gras y el don Perignon, y los galorromanos habían recibido una cantidad tan exagerada de afecto motero que, en adelante, serían incapaces de pronunciar correctamente la letra "r".

El magister militum Flavio Estilicón y su fiel aliado Saro, proceden a explicarle al godo Radagaiso que "el odio es un lastre. La vida es demasiado corta para estar siempre cabreado. No vale la pena..."; antes de ponerle los dientes en un bordillo, tal y como explica el historiador cristiano Orosio.

Ante esta penosa situación, la provincia insular de Britania andaba un poco revoltosa. Les habían llegado los flyers de la rave e incluso algún que otro sajón trasnochado del otro lado del Canal, todavía con media papa y pensando que toda Escocia es orégano. A los miembros de la Diputación de Londinium no les habían llegado los iphone nuevos de Robafone y estaban sin comunicación con Rávena (la capital del Imperio de occidente no era ya Roma, porque la cadena Starz había alquilado la ciudad eterna para rodar esa serie porno-gore tan exitosa que todos ustedes han visto: Espartaco, el torero albanokosovar); motivo por el cual andaban un poco sueltos de esfínteres y porfiaban entre ellos por ver quién asumía el marrón de ir a decirle a los simpáticos hijos de puta de más allá del limes que había gente que trabaja mañana, que era la tercera vez que le despertaban a la Jéssica Prócula con el trabajito que había costado que cogiera el sueño y que si no bajaban el volumen de las violaciones y las matanzas iban a tener que llamar a los municipales. Ninguno se ponía de acuerdo de a quién había que colgarle el marrón: "Ve tú Marco, que eres más guapo y siempre vas depilado"; "No, mejor vas tú, Tito que tu mujer es sueva y tú hiciste un cursillo de 'Gestión de crisis invasoras' en la UOC"; "Que vaya Constantino, que tiene un Volkswagen"... Y ante semejante argumento final sin posibilidad de réplica, como consta en la Historia Nova de Zósimo, Constantino, teniente coronel legionario del Tercio de Eboracum, con los cojones pegaos al culo como los leones y con unas ganas horrorosas de perder de vista la puta isla de Albión, fue proclamado emperador y, agarrando el canasto de las chufas, se plantó en la Galia con todas las fuerzas militares de Britania, incluida la cabra, su parienta y la imagen del palio de la Virgen del Lago Ness. Sin embargo, justo antes de partir, convocó a la elite britanorromana y, tras el pertinente pito pito gorgorito, le plantó las llaves del cortijo Villa Neblina (Locus Abominabilis en el latín original) a un tipo con menos luces que un candil apagado de nombre Aurelio Ambrosio -o Ambrosio Aurelio, que lo mismo da que da lo mismo.

- Bueno Sexto Polión, entonces para Semana Santa estaremos de vuelta, ¿no?
- A esta isla asquerosa van a volver tus muertos, Aureliano. Entre el clima de mierda, los fish and chips y lo fea que son las tías de aquí, antes me tiro en pelotas a los leones.
- Coño, pues yo dejo novia en Southampton.
- Me duele la boca de decirte que ese rubio es un travelo, Aureliano. No hay mujeres tan guapas en Britania.

Las fuentes no se ponen de acuerdo en si el teniente coronel Costantino dejó como capataz al Urelio o a su padre Eleuterio Cabesavíbora, un prenda bueno criado en ese barrio de Londres donde nunca llegó el curso de inglés de Muzzy y que lo más decente que ha sido capaz de producir es al tipo aquel deshollinador que le limpiaba el tiro de la estufa a la cachonda de la Mary Poppins, esa que había estudiado en un colegio del Opus pero que le pegaba tela al LSD y acabó de monitora de Animación Sociocultural en la alcaldía de Madrid. Pero es que las fuentes, como los políticos, nunca se ponen de acuerdo; que parece que Isidoro de Sevilla estaba esperando a que Juan de Biclaro colgara en el Twitter aquello de #bestcronicadeespañaever @HidacioChaves @Isidorohispalensis @Gregoriopontifexmax Esta vez lo he petao frikis, os espero en la Fnac, bitches; para corriendo contestarle: #bestcronicadeespañaever @Johannesbiclarensis @HidacioChaves @Gregoriopontifexmax No mames loser, en breve saco mi De viris hipsteribus y te vas a arañar parriba, perraca. En fin, historiografía, cómo me sube la libido. Bueno, que resulta que el Cabesavíbora tenía más peligro que un Alien con alergia y había carteles con su foto colgados hasta en el muro de Adriano, por la parte de afuera para asustar a los escotos y a los pictos; que si la Guardia de la Noche hubiera colocado una Jumbotron en el Muro con los vídeos del Youtube de Eleuterio, Mance Rayder se habría vuelto a Cuba a dormir con Fidel y habría dejado en paz al mundo libre. No obstante, en Páramon Jístori somos de la opinión de que el Cabesavíbora andaba ya abonando el huerto de Cristo cuando su hijo Urelio recibió la enorme responsabilidad de convocar a todos los chavs y chavettes de Britania para anunciarle en su dialecto celta: Ira Peñaaaaaaaa, ke san io lo romano y la madera ai toa shungaaaa!! Ke ahora to esto e nuestrooooo asin to ancho y to wapoooooo!! fIESTaaaaaaa ShUrMaNoooS!! Y ar ke no le guste ke hable con mi poya Excalibur, ke le meto ahi y le dejo en el suelo comiendo tierra. Asin ke ya sabeis so mierda ke aora yo soi er PUTO AMOOOOO!! Y es que al Urelio daba miedo verlo, clavaíco a su padre. No había dado un palo al agua en toda su vida, porque ser descendiente de estirpe guerrera en Britania era lo que tenía, que con los romanos como exclusiva fuerza de represión autorizada, lo único que podías hacer era ciclarte en el gimnasio y trolear en el Forocuádrigas. Por eso nuestro protagonista, fanático del fitness, con las pelas del último palo que su padre había dado en un chalet de Camulodunum, había abierto el gimnasio Camelot, donde se reunía con todos sus shurmans, que le conocían no por Aurelio ni Ambrosio, sino por el nick del Forocuádrigas: Artur, que había elegido porque él también estaba a favor de la independencia de Albión para escapar de la ruina y de la opresión de la tiranía españolista romana. Aunque todos le respetaban como macho alfa auténtico que era, Artur era muy generoso con su gente y les dejaba opinar a todos con absoluta libertad sobre ejercicios de cardio, suplementos deportivos y tunning. Incluso en el MacDonald's siempre se sentaban en una mesa redonda, todos en sillas, para que nadie se quejara de que no le había tocado el sofá y las patatas fritas del menú las echaban todas juntas en una bandeja y las compartían; ya el ketchup y la mayonesa se la echaba cada uno en la suya, y al que pedía mostaza lo echaban del grupo por maricona.

Artur celebrando su cumple en un MacDonald's del East End. Por aquel entonces ya estaban de moda las coronitas del cartón.

Como los anabolizantes, las pastis y las palizas que le había propiando su viejo de chico no le habían dejado el coco muy fino a Artur, pronto se vio rodeado de una corte de los milagros arribista y manipuladora compuesta por algunos de sus amigos y parientes. Entre ellos, destacaron por su activa participación en los asuntos de la política insular postromana, su camello Merlín, un hippy galés con más mala hostia que una cena entre Mourinho y el calvo de Breaking Bad, y la hermanastra de Artur, Morgana la Foca, que era como Alaska después de haberse comido a Mario Vaquerizo, haberlo cagado y haberlo vuelto a fagocitar; una yesi con inquietudes que había logrado terminar un módulo de F.P. de Esteticién y se ganaba la vida maquillando a la gente del Sálvame. Pero que tenía una fijación enfermiza por su medio hermano, fruto de las precarias condiciones de vida y las estrecheces de la cabaña de la favela londinense que había sido su hogar, donde por las noches era difícil evitar la presencia de la poderosa Excalibur... Artur pasaba mucho de ella, sin embargo. No así de Merlín, al que temía contrariar y que le cerrara el grifo de las Mitsubishi, por lo que el galés fue haciéndose un hueco a codazos en el consejo real del gimnasio y le recomendó contraer pronto matrimonio, no fuera que a base de pasear la espada por Britania le aparecieran más niños que a Julio Iglesias y hubiera que enchufarlos a todos en el negocio, con el consiguiente peligro de que cualquiera de los niñatos, armado de los valores de inspiran a todo canorro, se rebotara y le cortara el gañote cuando fuese un puto ex-toxicómano viejo y decrépito. Artur aceptó los sabios consejos de su amigo y proveedor y la elegida fue Jennifer Saray, otra galesa, hija de un compadre de Merlín al que éste le debía un par de favores de cuando la Consejería de Agricultura le había denegado unas ayudas de la PAC para el cultivo de "hierbas mágicas". Jennifer Saray era el epítome de la chavette britana: fea, vulgar, hortera y violenta a partes iguales. De hecho, tras su muerte se convirtió en Santa Jennifer, cuya onomástica se celebra todos los días en los extrarradios de casi todas las ciudades europeas bajo diversas advocaciones. Su carácter de exclusive pussy, pronto la enfrentó a su cuñada Morgana, de manera que si se encontraban por casualidad en el Camelot, no faltaban los mechones de pelos, los pendientes de baratillo y los tacones rotos por los suelos del gimnasio. Artur estaba hasta los mismos de las dos, pero como buen guerrero jamás intervenía en las rencillas de las dos principales damas de la corte, limitándose al tantas veces citado por las fuentes del ciclo artúrico "Tarse kietas ya, guarras", que hoy día puede leerse en el escudo real de Gran Bretaña.

- Coño, Yeni Saray, ¿las robao el vestío de bodas a tu prima la shica?
- No, a tu puta madre, Morgana.
- Te vi a meté una tragantá ke te va a mea en el tanga de los chino ese ke yeva...
- Hi, aro, tú lo ke me va a komé to lo ke se yama...
- Por favor, miladies, vamos a comportarnos debidamente; se trata de una boda de Estado de la que depende el futuro político de Britania.
- Nimué, bonita, vete al lago a lavarte er jigo.

Con una situación familiar tan tensa, el nuevo líder Artur prefería pasar cada vez más tiempo fuera con sus guerreros de elite. Entre la crème de la crème de su guardia de corps palatina había algunos realmente pintorescos como Gawain, sobrino de Artur, "más malo que un dolor y más perro que un gitano de vacaciones", como lo describe el poeta francés Cretino de Troya; aunque la moderna historiografía pone en tela de juicio la versión de éste porque, como explican los dos grandes conocedores de la saga artúrica C. Barber y D. Pykitt en su trabajo Journey to Avalon: The Final Discovery of King Arthur: "No te vayas a fiar de lo que dice un gabacho gilipollas, que mienten todos más que mean. Si acaso léete lo que escribió Geoffrey de Monmouth que te vas a partir". Otros como el Percy, un pijo de Notting Hill; el Caraja, muy buena gente "pero algo moña y más despistao que Ada Colau en Kabul" como lo describe Thomas Malory, y Burp el Flato, protagonizaron una de las más grandes aventuras relacionadas con el ciclado Arturo: la búsqueda del Santo Grial para lograr dilucidar si Jesucristo, en la Última Cena, había usado tinto de verano o kalimotxo. Aquello acabó malamente cuando los tres shuprimos empezaron a mezclar los porros, la coca y los Evangelios, pillaron un Ryanair hasta Ibiza y fueron detenidos por repetidos intentos de violación a un pobre pescador que les había prestado su barca para dormir la mona. Pero el más conocido de todos, por ser más cabrón que bonito, fue Lanzarote Sin Premio. Este tiparraco, familia de Nimué la del Lago, era un payo sin honor ni palabra que, gracias a que era alto, guapo, moreno de ojos garzos y poseía un culo apretao y golosón el muy pirata, había logrado llegar a convertirse en el profesor de spinning de Camelot. Como le llenaba el gimnasio con más abonados que el Gol TV, Artur se hizo el longui al principio, a pesar que tanto su hermana la Foca como su mujer Jennifer se pasaban todo el día encima de la bici. Sin embargo, cuando ya no podía calarse el yelmo y tuvo que inventar el casco vikingo, Morgana confirmó sus protuberantes sospechas: "la Yeni sastao revolcando con el pichabrava en tu banco de abdominales favorito, shurmano".


Lançelot du Lac poniéndole ojitos tiernos a la Yeni: "Si me cepillo a la penca esta me hacen fijo en el gym".

A partir de este momento, la vida se le complicó muchísimo a Artur, nuestro querido cani. Reyerta tras reyerta, fue encargándose de su parienta, de los partidarios de Lanzarote Sin Premio, de los invasores anglos y sajones amantes del Doom Metal, del puto Merlín que se había pasado al cártel de Sinaloa, de su hijo Mordred que le había salido gótico y de su hermana la gorda. Asqueado de tanta lucha y tras el definitivo fracaso de la expedición del Grial emprendida por los tres gáñaros de sus colegas, Artur cerró el Camelot, se dejó crecer las patillas, se hizo hermano mayor del Santísimo Cristo del Porsche Cayenne y Nuestra Señora del Rebujito, se compró un dúplex en Avalon Resort Ciudad de Vacaciones y tiró las llaves del cortijo britano al lago de Nimué, al tiempo que pronunciaba las últimas palabras que cierran la mayoría de las crónicas medievales sobre este personaje: "Ke sus vayan dando mucho porculo, hoygan!"

viernes, 29 de marzo de 2013

La “Papa Gloriosa”

Es curioso cómo un acontecimiento, a través del relato de sus testigos o de los testigos de los testigos, puede acabar siendo otro muy distinto. Es lo que sucedió con un colega nuestro, el Jesús, muy buena gente, que salió de parranda con sus shurmans, la pilló doblada y se puso la mar de simpático con todo el mundo, cumpliendo al pie de la letra ese tipo de tajá que conocemos como “filosófica”, en la que tu amigo se pone a citar a Jim Morrison o, con mucha suerte, a Enrique Bunbury, y le da el coñazo a la peña toda la noche con el doble sentido de la canción The End (o en su defecto La chispa adecuada). Lo que pasa es que, generalmente, el resto de la cuadrilla lleva un nivel de sangre en alcohol similar al filósofo, con lo cual todo es más cachondo y productivo.

- Va a ser cosa de la mierda que estoy fumando, Niels, pero creo que acabo de pillar el principio de Prometheus.
- No me jodas, Albert. Los judíos es que sois muy impresionables, coño. El otro día me juraste que el final de Perdidos te había parecido cojonudo...
- Es que a mí, todo ese rollo me llega muy adentro, tío...
Bueno, pues nuestro colega Jesús, como digo, tuvo una noche de escándalo: lo fueron a buscar al keli los camellos; se metió en un local gafapasta y desmontó el cine iraní y a Truffaut utilizando frases de la primera trilogía de Star Wars -que ya hay que tener mérito-; le dio la tabarra a una prostituta y la convirtió en auxiliar de clínica; convenció a un portero de discoteca para que los dejara pasar siendo todos tíos y con pintas; hizo el mayor sinpa de la historia después de haber invitado a kalimotxo a toda una boda; reanimó a un yonki que estaba más pallá que pacá; expulsó a los vendedores ambulantes de los alrededores de un corteinglés... Y mil anécdotas más.

Expulsión de los jipis del Duque. Jan Ignatius van der Zoidek.
El colega Jesús acabó en un seminario pero sus hazañas perduraron en el imaginario colectivo mucho tiempo después de que abandonara la teología de la liberación. Pero, como podemos imaginar, el relato de lo ocurrido ya no tenía tanto que ver con lo que realmente había pasado.

Si le preguntabas directamente a alguno de los camaradas de juerga, te soltaban, entre risas y cierto bochorno puntual, retazos completamente deformados de lo que habían vivido, porque después de que la resaca pulsara aleatoriamente el botón “delete” del cerebro, no se acordaban de mucho: que si el yonki estaba muerto cuando el Jesús lo reanimó, que si los pillaron los municipales y al Jesús le dieron una paliza por resistirse pacíficamente, que si el Jesús cruzó una fuente sin mojarse, como los ninja... Pero el resto de sus conocidos, supimos de aquella “madre de todas las juergas” gracias a otros que no estuvieron en ella.

Primero por Mateo, que fue el portero de discoteca al que el Jesús le enseñó los calcetines blancos y las Reebok y, aún así, le dejó pasar; según él porque «tenía cara de buena gente y porque me soltó un billete de 20 lauros diciendo algo así como “al César lo que es del César y adiós muy buenas”, el muy crack». Mateo había terminado la EGB con mucho trabajito y en el nocturno, por lo que tampoco es que te enteraras mucho de lo que te contaba, aparte de repetir constantemente que el Jesús era un tío estupendo, según sus propias palabras «un puto Mesías», recalcando que «llegaría muy alto».

- ¿A que te meto una guaya, Mateo? ¿"Ola ke ase", le dijo Jesús a San Juan Bautista?
Luego estaba Juan, al que todos llamaban el Marcos, porque se parecía a Amedio. Este cachondo trabajaba de administrativo en la notaría que el mejor amigo del Jesús había montado aprovechando el enchufe de la familia. Pero después, el Marcos, puso un negocio de hostelería en Venecia y se montó en el taco. Cuando le preguntabas por la noche de la papa, siempre te contaba las anécdotas que le había oído a su jefe, imitando su acento con la poca gracia que caracteriza a un español imitando el latín clásico: «il Maestro», así llamaba al Jesús su colega Pedro Simonetti, alias “Puto-gallo-chivato”, «il Maestro era un uomo di palabra: nos invitó a tutti a chenare pero al final lo pillaron los segurati de un Vips porque la montamos gorda y nos mangamos algunos libri guarros de la Taschen, y entre ellos y los maderos, lo crucificaron...». Según el Marcos, su jefe fue una “maricona”, porque le dijo a los de Prosegur, a los pitufos y al juez de guardia que no conocía al Jesús y que él no había mangando los blurays de Avatar.

San Marcos cuadrando el balance de la trattoria.
Al Lucas mejor no echarle cuenta: un tío que se pasa todo el día imitando a Chiquito no es una fuente seria para el conocimiento de unos hechos del calibre que estamos tratando. Era experto en citar al Jesús con coletillas como «¡Por la Gloria de mi Padre...!; ¡Pecadorl!; ¡Finstro sessuarl!; ¡No te llamo Trillo por no llamarte Rodrigo...». Esta última en clara referencia al gabinete del gobierno que reinaba en aquella época. Te ríes con él, pero tufa todo a trola que te cagas.

Muy de fiar no parece, no...
Así, nos queda el otro Juan... Cuidao con este... Imaginaos un grupo de pintas mezcla de los fans de Barricada y de los Maiden; las delicias de “los romanos” y del nuevo ministro del Interior, vaya. Bueno pues Juanito, “er Shico”, nos había salido gótico... De negro y encajes, el pelo cardao y con Frank Miller como humorista de referencia. Este iba con el grupo porque le caía bien a la madre del Jesús, no nos engañemos. Pero no encajaba, no. Todo el grupo tiraba generalmente de birra y porros; Juanito bebía vino tinto con absenta. El Jesús se ponía contento y cantaba a pleno pulmón Vamos muy bien de los Obús; el niño se ponía el walkman y se chutaba algunos fandagos de los Cure. Jesús y los colegas hablaban de prepararse oposiciones y currar de funcionarios; Juan murmuraba por lo bajini que no había futuro y que nos preparáramos para el Apocalipsis socialdemócrata... Hasta Judas, que era el tío más hijoputa del mundo y el que avisó a la seguridad del Vips para poder largarse él con treinta CDs de Falete, caía mejor que Juan. Claro que, después, se pusieron de moda los grupos “oscuros” y malrolleros y éste se forró escribiendo letras para el metal gruñido-sinfónico. Daba gusto verle en los estudios de grabación, rodeado de ateos confesos y predicando la “Papa Gloriosa”.

-Mmmmm... A ver, a ver:
"Reach out and touch faith
Your own Personal Jesus
Someone to hear your prayers
Someone who cares..."
- De lujo. Esta se la enviais a los Depeche.

domingo, 16 de septiembre de 2012

El cani homérico

Este post debería titularse “La civilización micénica y la guerra de Troya” pero no estamos en un blog serio y, además, ¿alguien sabe qué es la civilización micénica? ¿A alguien le suenan Argos, Pilos, Tera, Creta, Perseo, Agamenón, Menelao, Minos...? ¿Sí? Bueno pues, malas noticias: lo que sabéis de Micenas es, con toda probabilidad, más falso que un euro de madera. ¿Y eso por qué? Porque todos habéis visto la película..., quiero decir, habéis leído a Homero, y su versión de la época micénica era tan fiel a la Historia como la peli Furia de Titanes (tanto me da que sea la de los 80 como su hermana ciclada del siglo XXI). La vulgarización de una civilización más avanzada que la suya, como era la micénica, perpetrada por estos raperos de la Edad Oscura griega, debería cubrirnos de vergüenza ajena, por molarnos mucho más las fanfarronadas de un barriobajero cobarde, escondido detrás de un escudo enorme y arrojando jabalinas desde lejos, que el abrumante poderío de la talasocracia orientalizante de micénicos y troyanos.

100% micénico, siglo XIII a. C. ¿O es del XII?
"Majestad, los dorios están a las puertas y, efectivamente, tienen pinta de poligoneros".

A ver, para empezar, todo el relato de los hechos se atribuye, como he dicho, al poeta Homero; aunque existe numerosa controversia sobre si fue el autor real de los versos, el que los puso por escrito o al que mandaron a la SGAE para registrarlos. ¿Qué más da? Pelearse a estas alturas de la vida por conocer al verdadero autor es totalmente baladí; lo que de verdad debería ocupar páginas en las monografías de literatura y filología griega es el asunto del nombre: ¿Homero? ¿Cómo se les ocurrió a los griegos llamar así a su mayor figura literaria? Luego se sorprenderán de que les rescaten... ¡Homero es nombre de cantante de reaggeton, coño! ¿Es que nadie piensa en las consecuencias nefastas que pueden tener sus actos a largo plazo? Sucede algo similar con las empresas y negocios españoles: sus nombres son una puta mierda, joder... A ver, ¡autónomos de España!, escuchen este consejo de Páramon Jístori: si van a montar una sociedad laboral, una cooperativa o una pyme ¡NO UTILICEN LA PRIMERA SÍLABA DE SUS PUTOS APELLIDOS! Joder, ya sé que algunos dejaron los estudios porque su espíritu emprendedor no les cabía en el pecho, pero algo les quedará en la sesera para poder inventarse un nombre mejor, ¿no? Aunque sabiendo cómo llaman a sus hijos, ya dudamos aquí hasta de las leyes de la Física.

Señores autónomos, aprendan de los amigos americanos. Si este taller lo hubiéramos montado dos colegas y yo según los estándares de nomenclatura hispana se llamaría Talleres LOCAMAR, S.L.L. (luego, por teléfono el tío te dice: "Tayere Locamá, diga").

Bueno, regresemos al tema que estamos divagando. Como he dicho más arriba, que Homero hable del período micénico es como si Camela te canta sobre la Batalla de Inglaterra. El tan controvertido poeta incurrió en más anacronismos que una película de Xena con Espartaco dirigida por los creadores de Merlín (esa serie nueva de emos medievales con vesturario de H&M). Pero el gran mérito se halla en que, del mismo modo en que hoy día un poligonero puede ver dignificada su inservible vida, sintiéndose identificado con el protagonista de Furia de Gañanes y con el Leónidas de 300; Homero, fuera quien fuese, lolailizó de igual modo al Ulises y al Aquiles micénicos, para que sus shurmans de la Dark Age, pudieran presumir de abuelos heroicos mientras apacentaban al ganado autóctono de Grecia: las cabras y los piojos.

Extracto del poema fragmentario Margites, atribuído a nuestro insigne poeta: [Music on: PUM PURUMPUMPUM PURUMPUMPUM PURUMPUMPUM... (ad nauseam)] Caminaba por la Cólquide / cuando vi a una nena fáckable / yo le dije soy aedo / chúpame hasta los dedos...

La Ilíada y la Odisea, relatadas por Herodoto de Halicarnaso un par de siglos después, se habrían convertido en novelas dignas de John le Carré. En cambio, cantadas por dorios analfabetos, poseedores del mero certificado de Secundaria, se asemejan más a una extensión del GTA San Andreas: la cuestión es quién la tiene más grande, quién hace más y mejor el burro y a quién le quiere más el Gran Poder o la Macarena.
No hay más que analizar el momento cumbre de la Ilíada, casi al final, el duelo entre Aquiles y Héctor. Aquiles, un niño pijo shurmanizado, megalomaníaco y algo psicópata, hijo de una diosa del porno (Tetis: chiste fácil de Páramon Jístori) y de un monarca millonetis que consiguió su reino con más trucos que un concejal de urbanismo, dejó el exclusivo insti privado donde le tenían interno (solamente la falta de cariño paternofilial puede explicar lo gilipollas que era este tío) y se fue de farra con otros colegas a una rave en Troya. Con él va Patroclo, su mejor amigo, su compañero sentimental, su pareja, su novio... Sí, amantes del neoclásico de mármol blanco y de los cuellos duros almidonados del siglo XIX: a los canis griegos les ponían los hombres, algo del todo comprensible si nos detenemos a analizar la posible evolución de la Jenni homérica en su contrapartida moderna, que de puro vulgar y zafio desarrollará pene propio como las hienas hembras en menos de dos generaciones...

Sí, amigos lectores, las hienas hembras tienen pene...

Al igual que sucede en la peli La playa, del célebre Leonardo di Caprio, cuando las cosas van bien todos somos mú colegas y eso, pero cuando alguien la caga llega el llanto y el crujir de dientes. Y en esto de llorar los “héroes” homéricos son unos expertos: Aquiles llora la muerte de Patroclo (normal, le habían quitado al pobre su segunda diversión, por detrás de la de masacrar gente), Licaón llora suplicante a Aquiles para que no se lo cargue, los troyanos lloran a Héctor... Lo mismito que un guerrero de la actualidad, que ve anegados sus ojos de saladas gotas de tristeza cuando el hermano mayor anuncia gravemente que el Cerro no hará estación de Penitencia este año o cuando el Cádiz cae final –e injustamente, por supuesto– vencido y eliminado de la copa del Rey.

Los mirmidones de Aquiles entonan cantos fúnebres por la muerte de Patroclo...

Una vez en Troya, Agamenón y Aquiles se pelean por el botín, lo cual denota la baja estofa de estos marrajos: “vamos a ver, Agamenón, ¿no habías venío tú a vengar la afrenta recibida por tu hermano Menelao? ¿A qué te andas ahora con disputas por ver quién se queda con lo que había en el monedero de las troyanas a las que le habéis dao el tirón?”...
Aquí me vais a permitir, queridos lectores, que os explique un poco la causa de la guerra de Troya… Ni más ni menos que el vil metal, as usual, y punto pelota. Según qué investigadores lea uno, podrá entender los acontecimientos históricos como un enfrentamiento entre el imperialismo expansionista micénico contra el rival que controlaba el acceso al Mar Negro o contra una de las ciudades aliadas al imperio hitita, o también en el contexto de la crisis de los "Pueblos del Mar". Así de simple. Sí, queridos roleros que sublimáis vuestra insignificancia imaginando guerreros para D&D; sí, queridas amantes de Titanic: la historia de Menelao, Helena y Paris es una puta falacia. Pero, claro, pretender que la panda de dorios analfabetos que había heredado los restos de ese mundo comercial y palaciego entendiese de estas sutilezas de geopolítica, es como pedirle al españolito medio que busque al culpable de la crisis actual más allá de su político-sindicalista-banquero más odiado: es un problema de falta de cultura, de ilustración y de raciocinio. Es por ello que los ecos de una prolongada lucha entre potencias militares y económicas quedaron reducidos, en las manazas de estos gañanes procedentes de Europa Central o algún agujero de subcultura similar, a un asunto de cuernos; que es el referente más cercano sobre conflictos diplomáticos que poseen los habitantes de ciertos barrios que todos sufrimos en nuestras ciudades, a juzgar por los índices de audiencia de Sálvame.

“De modo, querida Amparo, que el Mohedano ha decidido llamar a consulta a su embajador en la 5, debido al conflicto diplomático surgido a raíz de las declaraciones de ciertos agentes pagados por intereses estratégicos ocultos…”
“Ya te digo, Sonsoles, que esto cada vez me recuerda más al escándalo Irán-contra. No descarto yo una imprevista resolución de Naciones Unidas, si es que el veto de Rusia no termina de complicar las cosas…

Lo sucedido entre este trío de griegos ejemplares (Menelao, Helena y Paris), tenía ya de antiguo diferentes versiones, dependiendo de la familia a la que uno pertenezca; aunque casi todos vienen a coincidir en que Helena era una guarra… Motivo de mayor advertencia para aquellos padres que deciden llamar así a su hija: si lo hacen en recuerdo de la santa madre del cristianísimo emperador Constantino el Grande, está bien; si es por la griega soporten luego los pertinentes “oyoyoyoyoyoiii” con semblante estoico. No obstante, pueden argumentar alguna explicación post LOGSE políticamente correcta donde Helena, dueña de su destino y muy consciente de su género, prefirió abandonar la prisión de un matrimonio de conveniencia sin amor, para marcharse con el primer chulopo de buena planta y, por supuesto, de billetera gorda, que asomó la jeta por palacio. Vamos, lo más normal y acorde con la mentalidad del siglo IX-VIII a. C.

Héctor: “¿Que qué?”
Paris: “Que me llevo a la MILF de Menelao a Troya, joder”.
Héctor: “Definitivamente, Paris, hermano mío, eres el tonto de la familia”.
Helena: “No me lleva ¿eh?, me voy yo por mi propia voluntad; a ver si nos dejamos ya de estereotipos machistas, coño, que estamos en pleno siglo VIII”.

En fin, que Menelao, como buen dictador patriarcal y falocrático, decidió declararle la guerra a Troya porque no querían devolverle a su churri. Que igual el tipo tampoco es que estuviera muy entusiasmado con la idea, pero a ver quién es el guapo que se pasa por la peña y aguanta los comentarios del resto de basilei (shurmans, para los que no hayáis estudiado griego antiguo). Porque total, nueve años de guerra, la mayoría de los canis importantes muertos o detenidos por la benemérita, y al final Troya termina incendiada y con la licencia de local de entretenimiento revocada permanentemente. Claro que hay que ser muy burro para escuchar los consejos y las ideas de Ulises, un basileus chabolista de Ítaca, y alunizar un caballo de madera contra la macrodiscoteca… Vamos a ver, señores, que lo del “ingenioso Ulises”, es una forma que tienen los académicos de traducir el “politoxicómano Ulises” para que quede bonito en la Biblioteca Clásica Gredos. Y es que solamente el consumo reiterado e ininterrumpido de sustancias psicotrópicas puede impedir a un tipo regresar a su casa por espacio de veinte años y contar semejantes trolas sobre magas, cíclopes y maldiciones gitanas. Aunque el rollo de Penélope de tener engañados a los pretendientes con lo del manto…, o eran de coeficiente intelectual muy bajo o todos tenían participaciones en Inditex.

Penélope: “Churri, te he esperado veinte años sin liarme con ninguno de tus shurmans…”
Ulises: “Gordi, que me han liao los colegas y he perdío el metro… Oye, ¿y ese niño?”
Penélope: “Telémaco es tuyo, ¿no te acuerdas?
Ulises: “Aro, aro que me acuerdo Gordi, ¿no ves que ya no me meto?”.

Fin de paréntesis. Regresemos pues, a la contienda Agamenón vs. Brad Pitt. Aquiles, como buen niñato malcriado y de familia bien, no gestionaba muy bien eso de la frustración, por lo que dijo que ya no peleaba y se fue enfurruñado a su tienda; imaginamos que a jugar con la Play, que esa nunca te traiciona como los amigos humanos, con sus opiniones propias, sus gustos y esa manía de pensar diferente a ti. Mientras, al cachondo de Patroclo, que nunca debió abandonar los estudios, se le ocurrió armarse con la panoplia de Aquiles, se plantó en el campo de batalla de tal guisa y se lo cargaron los troyanos... Infeliz. Aquiles, con la barriga llena de Gatorade y de pollito a la plancha, terminó de cortocircuitar, se cambió el apellido Pelida por Montoya y empezó a jurar por sus muertos. Después de recopilar objetos mágicos cedidos por sus patrocinadores olímpicos (del Olimpo de verdad, no hablo de Hyundai ni de Coca-Cola, ¿eh?), se fue en busca de Héctor, el payo kinki que había matado a su Patroclo.

Yelmo mágico +2 DEF críticos en la cabeza; +3 CAR e Intimidación. Grebas +2 DEF críticos piernas; +1 tiradas de habilidad que impliquen movimiento. Escudo +5 DEF contra botellazos, lapos y cuchilladas. Armadura +3 DEF general, MP3 y Bluetooth.

Héctor acepta el combate; pero sus padres Príamo y Hécuba, junto con su esposa Andrómaca, tratan de impedirlo. Y con razón: Héctor era el clásico shurman que, después de haber sido un balarrasa, ha acabado preñando a la Vane y se ha dado cuenta de que tiene canas y de que el fútbol se ve mejor en el plasma de la salita que en el Gol Norte. Entonces cambia el carro de guerra deportivo por un monovolumen y se caga en las muelas de su hermano, Paris, por ser tan descerebrado como lo era él a su edad. Sin embargo es todavía un guerrero auténtico, y lo que no iba a consentir es que Aquiles lo pregone por todo el barrio, que lo llame vieja cagona y que le desmonte el chiringuito a Príamo, que ha sido siempre un padre de familia honrado y trabajador; con unos hijos un poco rebeldes, ná más. Así que no le quedaban más narices que enfrentarse a la cólera funesta del psicópata Aquileo.

Andrómaca: “Ya que te vas de cachondeo con los amigotes, por lo menos llévate el casco de la moto que te regalé por tu santo, ¿no?”.
Héctor: "Que sí, Maca, que sí. Oye, ¿tienes suelto, que le debo 20 dracmas al del bar y se pone mu pesao recordándomelo”.
Astianacte: “Opá, tráeme cartas de Pokemon”.

Los héroes entablan combate finalmente, pero con todo lo que hablan aquello debía parecerse más a una reyerta en la Feria de Sevilla que a una auténtica lucha entre profesionales de la guerra, supuestamente entrenados por centauros, dioses, ex legionarios y otros personal trainers de la época:
-Héctor, ven p’acá, perro, que te vas a cagar.
-Ven tú, maricona, tanto llorá por Patroclo. ¿Qué era tu novio?
-Hijoputa, te voy a sacar las tripas.
-Me vas a comer la...
Así continúan por espacio de varios minutos, animados por sus coleguitas y sus tipas, sin que ninguno de los dos “héroes” haga nada por iniciar realmente el combate. Al final se tiran las lanzas medio tapados por los escudos, sacan las chairas (Homero dice que eran grandes espadas; pero es que Homero no había visto una espada grande en su puta vida, of course) y uno apuñala al otro en la garganta. Luego, siguiendo al pie de la letra su condición de ancient gentleman, el Pelida Aquileo... ¡Amarra el cadáver de Héctor a su carro y lo arrastra dando vueltas alrededor de las murallas de Troya! WTF!!! ¿Eso se hace con un enemigo caído, malasangre? ¿A ti qué educación te han dado? Tu madre será una diosa, pero tú eres un hijo de puta, hombre.