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viernes, 25 de abril de 2014

El ciclado Arturo, behind the leyenda

No sería este un blog digno de un público refinado y cultísimo como todos ustedes si, tras tratar la grandiosidad milenaria del Egipto de las piedras, los dioses Pokémon, la industria conservera de faraones y de Cuarto Milenio, no hicera lo propio con otro de los sempiternos temas presente en toda tertulia de informáticos y demás intelectualoides servidores de la diosa madre Ciencia, así como en cualquier foro serio, pero serio de cojones, sobre novela histérica histórica: el controvertido final de la presencia político-institucional de la administración y el gobierno de Roma en Britania y sus más inmediatas consecuencias en la posterior conformación del nuevo paradigma histórico en el espacio socio-geográfico de las Islas Británicas (frase que muy bien habría podido intitular esta entrada, si no supiera yo de antebrazo que trato con gente de bien que no se deja engañar por la charlatanería propia de tesinandos babosos de rodilleras de cuero y amplio orificio bucal). Un tema apasionante que he tardado en sacar a la palestra porque deseaba estar completamente seguro de que disponía de droga suficiente era capaz de desarrollar la materia en un lenguaje sencillo, comprensible y alejado de todo gongorismo y florituras inanes.

El controvertido final de la presencia político-institucional de la administración y el gobierno de los ándalos en Westeros y sus más inmediatas consecuencias en la posterior conformación del nuevo paradigma histórico en el espacio socio-geográfico de las Islas de Poniente.
 Editorial Frécol, Carcosa, 2014.

Como recordaran los asiduos seguidores de Páramon Jístori -y si no ya se lo recuerda el link pertinente- en el año de Nuestro Señor Yei Si de 406, algunas bandas de violentos moteros antisistema criados al solaz del indolente buenrrollismo socialdemócrata del Divino Teodosio (español tenía que ser, y seguro que andaluz, que esos solamente viven del PER, de la PAC, de los FSE y del CUEN), trataron de joder las campanadas de fin de año, pues al grito de ¡Prepárate Igartiburu, que vas a arañar más que un galápago en un cubo de zinc!, el día 31 de diciembre cruzaron a lomos de sus monturas el Rin helado y se desparramaron por la Galia como una manada de japoneses por un mercadillo de bragas usadas. Ante la acampada solidaria de suevos, vándalos y alanos del movimiento Occupy Gallia Lugdunensis, al pijiprogre Honorio se le hincharon los tegumentos procreativos y decidió recurrir a un tío chungo de verdad, Manuel Valls Flavio Estilicón, un antiguo miembro de los Hammerskins que, al más puro estilo Edward Norton, se había reformado estudiando Derecho y entrando en política (dejen de reírse, si ustedes no creen que esto es una forma válida y digna de reinserción es porque son unos rojos de mierda), para que acabase con el cachondeo que habían montado en la amada tierra del queso azul y del porno con familiares. Porque la Galia, a principios del año 407 se había convertido en una rave loca organizada por Blesa, Correa y el Bigotes, y con Titus Maximus Paquirrinus como DJ estrella. De modo que, a mitad del verano, se habían agotado el queso azul, el foie gras y el don Perignon, y los galorromanos habían recibido una cantidad tan exagerada de afecto motero que, en adelante, serían incapaces de pronunciar correctamente la letra "r".

El magister militum Flavio Estilicón y su fiel aliado Saro, proceden a explicarle al godo Radagaiso que "el odio es un lastre. La vida es demasiado corta para estar siempre cabreado. No vale la pena..."; antes de ponerle los dientes en un bordillo, tal y como explica el historiador cristiano Orosio.

Ante esta penosa situación, la provincia insular de Britania andaba un poco revoltosa. Les habían llegado los flyers de la rave e incluso algún que otro sajón trasnochado del otro lado del Canal, todavía con media papa y pensando que toda Escocia es orégano. A los miembros de la Diputación de Londinium no les habían llegado los iphone nuevos de Robafone y estaban sin comunicación con Rávena (la capital del Imperio de occidente no era ya Roma, porque la cadena Starz había alquilado la ciudad eterna para rodar esa serie porno-gore tan exitosa que todos ustedes han visto: Espartaco, el torero albanokosovar); motivo por el cual andaban un poco sueltos de esfínteres y porfiaban entre ellos por ver quién asumía el marrón de ir a decirle a los simpáticos hijos de puta de más allá del limes que había gente que trabaja mañana, que era la tercera vez que le despertaban a la Jéssica Prócula con el trabajito que había costado que cogiera el sueño y que si no bajaban el volumen de las violaciones y las matanzas iban a tener que llamar a los municipales. Ninguno se ponía de acuerdo de a quién había que colgarle el marrón: "Ve tú Marco, que eres más guapo y siempre vas depilado"; "No, mejor vas tú, Tito que tu mujer es sueva y tú hiciste un cursillo de 'Gestión de crisis invasoras' en la UOC"; "Que vaya Constantino, que tiene un Volkswagen"... Y ante semejante argumento final sin posibilidad de réplica, como consta en la Historia Nova de Zósimo, Constantino, teniente coronel legionario del Tercio de Eboracum, con los cojones pegaos al culo como los leones y con unas ganas horrorosas de perder de vista la puta isla de Albión, fue proclamado emperador y, agarrando el canasto de las chufas, se plantó en la Galia con todas las fuerzas militares de Britania, incluida la cabra, su parienta y la imagen del palio de la Virgen del Lago Ness. Sin embargo, justo antes de partir, convocó a la elite britanorromana y, tras el pertinente pito pito gorgorito, le plantó las llaves del cortijo Villa Neblina (Locus Abominabilis en el latín original) a un tipo con menos luces que un candil apagado de nombre Aurelio Ambrosio -o Ambrosio Aurelio, que lo mismo da que da lo mismo.

- Bueno Sexto Polión, entonces para Semana Santa estaremos de vuelta, ¿no?
- A esta isla asquerosa van a volver tus muertos, Aureliano. Entre el clima de mierda, los fish and chips y lo fea que son las tías de aquí, antes me tiro en pelotas a los leones.
- Coño, pues yo dejo novia en Southampton.
- Me duele la boca de decirte que ese rubio es un travelo, Aureliano. No hay mujeres tan guapas en Britania.

Las fuentes no se ponen de acuerdo en si el teniente coronel Costantino dejó como capataz al Urelio o a su padre Eleuterio Cabesavíbora, un prenda bueno criado en ese barrio de Londres donde nunca llegó el curso de inglés de Muzzy y que lo más decente que ha sido capaz de producir es al tipo aquel deshollinador que le limpiaba el tiro de la estufa a la cachonda de la Mary Poppins, esa que había estudiado en un colegio del Opus pero que le pegaba tela al LSD y acabó de monitora de Animación Sociocultural en la alcaldía de Madrid. Pero es que las fuentes, como los políticos, nunca se ponen de acuerdo; que parece que Isidoro de Sevilla estaba esperando a que Juan de Biclaro colgara en el Twitter aquello de #bestcronicadeespañaever @HidacioChaves @Isidorohispalensis @Gregoriopontifexmax Esta vez lo he petao frikis, os espero en la Fnac, bitches; para corriendo contestarle: #bestcronicadeespañaever @Johannesbiclarensis @HidacioChaves @Gregoriopontifexmax No mames loser, en breve saco mi De viris hipsteribus y te vas a arañar parriba, perraca. En fin, historiografía, cómo me sube la libido. Bueno, que resulta que el Cabesavíbora tenía más peligro que un Alien con alergia y había carteles con su foto colgados hasta en el muro de Adriano, por la parte de afuera para asustar a los escotos y a los pictos; que si la Guardia de la Noche hubiera colocado una Jumbotron en el Muro con los vídeos del Youtube de Eleuterio, Mance Rayder se habría vuelto a Cuba a dormir con Fidel y habría dejado en paz al mundo libre. No obstante, en Páramon Jístori somos de la opinión de que el Cabesavíbora andaba ya abonando el huerto de Cristo cuando su hijo Urelio recibió la enorme responsabilidad de convocar a todos los chavs y chavettes de Britania para anunciarle en su dialecto celta: Ira Peñaaaaaaaa, ke san io lo romano y la madera ai toa shungaaaa!! Ke ahora to esto e nuestrooooo asin to ancho y to wapoooooo!! fIESTaaaaaaa ShUrMaNoooS!! Y ar ke no le guste ke hable con mi poya Excalibur, ke le meto ahi y le dejo en el suelo comiendo tierra. Asin ke ya sabeis so mierda ke aora yo soi er PUTO AMOOOOO!! Y es que al Urelio daba miedo verlo, clavaíco a su padre. No había dado un palo al agua en toda su vida, porque ser descendiente de estirpe guerrera en Britania era lo que tenía, que con los romanos como exclusiva fuerza de represión autorizada, lo único que podías hacer era ciclarte en el gimnasio y trolear en el Forocuádrigas. Por eso nuestro protagonista, fanático del fitness, con las pelas del último palo que su padre había dado en un chalet de Camulodunum, había abierto el gimnasio Camelot, donde se reunía con todos sus shurmans, que le conocían no por Aurelio ni Ambrosio, sino por el nick del Forocuádrigas: Artur, que había elegido porque él también estaba a favor de la independencia de Albión para escapar de la ruina y de la opresión de la tiranía españolista romana. Aunque todos le respetaban como macho alfa auténtico que era, Artur era muy generoso con su gente y les dejaba opinar a todos con absoluta libertad sobre ejercicios de cardio, suplementos deportivos y tunning. Incluso en el MacDonald's siempre se sentaban en una mesa redonda, todos en sillas, para que nadie se quejara de que no le había tocado el sofá y las patatas fritas del menú las echaban todas juntas en una bandeja y las compartían; ya el ketchup y la mayonesa se la echaba cada uno en la suya, y al que pedía mostaza lo echaban del grupo por maricona.

Artur celebrando su cumple en un MacDonald's del East End. Por aquel entonces ya estaban de moda las coronitas del cartón.

Como los anabolizantes, las pastis y las palizas que le había propiando su viejo de chico no le habían dejado el coco muy fino a Artur, pronto se vio rodeado de una corte de los milagros arribista y manipuladora compuesta por algunos de sus amigos y parientes. Entre ellos, destacaron por su activa participación en los asuntos de la política insular postromana, su camello Merlín, un hippy galés con más mala hostia que una cena entre Mourinho y el calvo de Breaking Bad, y la hermanastra de Artur, Morgana la Foca, que era como Alaska después de haberse comido a Mario Vaquerizo, haberlo cagado y haberlo vuelto a fagocitar; una yesi con inquietudes que había logrado terminar un módulo de F.P. de Esteticién y se ganaba la vida maquillando a la gente del Sálvame. Pero que tenía una fijación enfermiza por su medio hermano, fruto de las precarias condiciones de vida y las estrecheces de la cabaña de la favela londinense que había sido su hogar, donde por las noches era difícil evitar la presencia de la poderosa Excalibur... Artur pasaba mucho de ella, sin embargo. No así de Merlín, al que temía contrariar y que le cerrara el grifo de las Mitsubishi, por lo que el galés fue haciéndose un hueco a codazos en el consejo real del gimnasio y le recomendó contraer pronto matrimonio, no fuera que a base de pasear la espada por Britania le aparecieran más niños que a Julio Iglesias y hubiera que enchufarlos a todos en el negocio, con el consiguiente peligro de que cualquiera de los niñatos, armado de los valores de inspiran a todo canorro, se rebotara y le cortara el gañote cuando fuese un puto ex-toxicómano viejo y decrépito. Artur aceptó los sabios consejos de su amigo y proveedor y la elegida fue Jennifer Saray, otra galesa, hija de un compadre de Merlín al que éste le debía un par de favores de cuando la Consejería de Agricultura le había denegado unas ayudas de la PAC para el cultivo de "hierbas mágicas". Jennifer Saray era el epítome de la chavette britana: fea, vulgar, hortera y violenta a partes iguales. De hecho, tras su muerte se convirtió en Santa Jennifer, cuya onomástica se celebra todos los días en los extrarradios de casi todas las ciudades europeas bajo diversas advocaciones. Su carácter de exclusive pussy, pronto la enfrentó a su cuñada Morgana, de manera que si se encontraban por casualidad en el Camelot, no faltaban los mechones de pelos, los pendientes de baratillo y los tacones rotos por los suelos del gimnasio. Artur estaba hasta los mismos de las dos, pero como buen guerrero jamás intervenía en las rencillas de las dos principales damas de la corte, limitándose al tantas veces citado por las fuentes del ciclo artúrico "Tarse kietas ya, guarras", que hoy día puede leerse en el escudo real de Gran Bretaña.

- Coño, Yeni Saray, ¿las robao el vestío de bodas a tu prima la shica?
- No, a tu puta madre, Morgana.
- Te vi a meté una tragantá ke te va a mea en el tanga de los chino ese ke yeva...
- Hi, aro, tú lo ke me va a komé to lo ke se yama...
- Por favor, miladies, vamos a comportarnos debidamente; se trata de una boda de Estado de la que depende el futuro político de Britania.
- Nimué, bonita, vete al lago a lavarte er jigo.

Con una situación familiar tan tensa, el nuevo líder Artur prefería pasar cada vez más tiempo fuera con sus guerreros de elite. Entre la crème de la crème de su guardia de corps palatina había algunos realmente pintorescos como Gawain, sobrino de Artur, "más malo que un dolor y más perro que un gitano de vacaciones", como lo describe el poeta francés Cretino de Troya; aunque la moderna historiografía pone en tela de juicio la versión de éste porque, como explican los dos grandes conocedores de la saga artúrica C. Barber y D. Pykitt en su trabajo Journey to Avalon: The Final Discovery of King Arthur: "No te vayas a fiar de lo que dice un gabacho gilipollas, que mienten todos más que mean. Si acaso léete lo que escribió Geoffrey de Monmouth que te vas a partir". Otros como el Percy, un pijo de Notting Hill; el Caraja, muy buena gente "pero algo moña y más despistao que Ada Colau en Kabul" como lo describe Thomas Malory, y Burp el Flato, protagonizaron una de las más grandes aventuras relacionadas con el ciclado Arturo: la búsqueda del Santo Grial para lograr dilucidar si Jesucristo, en la Última Cena, había usado tinto de verano o kalimotxo. Aquello acabó malamente cuando los tres shuprimos empezaron a mezclar los porros, la coca y los Evangelios, pillaron un Ryanair hasta Ibiza y fueron detenidos por repetidos intentos de violación a un pobre pescador que les había prestado su barca para dormir la mona. Pero el más conocido de todos, por ser más cabrón que bonito, fue Lanzarote Sin Premio. Este tiparraco, familia de Nimué la del Lago, era un payo sin honor ni palabra que, gracias a que era alto, guapo, moreno de ojos garzos y poseía un culo apretao y golosón el muy pirata, había logrado llegar a convertirse en el profesor de spinning de Camelot. Como le llenaba el gimnasio con más abonados que el Gol TV, Artur se hizo el longui al principio, a pesar que tanto su hermana la Foca como su mujer Jennifer se pasaban todo el día encima de la bici. Sin embargo, cuando ya no podía calarse el yelmo y tuvo que inventar el casco vikingo, Morgana confirmó sus protuberantes sospechas: "la Yeni sastao revolcando con el pichabrava en tu banco de abdominales favorito, shurmano".


Lançelot du Lac poniéndole ojitos tiernos a la Yeni: "Si me cepillo a la penca esta me hacen fijo en el gym".

A partir de este momento, la vida se le complicó muchísimo a Artur, nuestro querido cani. Reyerta tras reyerta, fue encargándose de su parienta, de los partidarios de Lanzarote Sin Premio, de los invasores anglos y sajones amantes del Doom Metal, del puto Merlín que se había pasado al cártel de Sinaloa, de su hijo Mordred que le había salido gótico y de su hermana la gorda. Asqueado de tanta lucha y tras el definitivo fracaso de la expedición del Grial emprendida por los tres gáñaros de sus colegas, Artur cerró el Camelot, se dejó crecer las patillas, se hizo hermano mayor del Santísimo Cristo del Porsche Cayenne y Nuestra Señora del Rebujito, se compró un dúplex en Avalon Resort Ciudad de Vacaciones y tiró las llaves del cortijo britano al lago de Nimué, al tiempo que pronunciaba las últimas palabras que cierran la mayoría de las crónicas medievales sobre este personaje: "Ke sus vayan dando mucho porculo, hoygan!"

miércoles, 5 de junio de 2013

Botellona vikinga


A todo el mundo le gustan los vikingos... Bueno, a todo el mundo no, porque hay por ahí gente lela que se pone pinocha aprendiéndose los nombres, las funciones y los principales cargos de las instituciones del Imperio romano, del egipcio, del asirio, del califato de Bagdad, de la China Qin o de la Iglesia de Roma (en este último caso, si viviéramos en el mundo de Minority Report, yo mismo me presentaría voluntario para arrestar al fenómeno o a la fenómena, porque seguro que en algún momento de su vida cometería horribles asesinatos). Estos seres subhumanos, que luego acabarán como funcionarios, abogados, jueces, registradores de la propiedad, notarios, etc., en resumen, como los dueños de nuestras miserables existencias (porque tarde o temprano tendremos que encontrarnos con alguno de ellos y padeceremos); nunca esbozaron una dulce sonrisa de placer ante un casco con cuernos, la esbelta silueta de un drakar, un hacha danesa o la visión de una aldea saqueada en llamas, personas evisceradas, mujeres violadas y niños esclavizados.

Lindisfarne, Northumbria, junio de 793, después del primer raid vikingo testimoniado en las Islas Británicas.

–No, oiga, a mí esto último no me mola. Además, está haciendo referencia a un tópico manido, creado por la historiografía cristiana, alimentado por la Ilustración y perpetuado por los estudiosos más reaccionarios y afectos al sistema. Las nuevas corrientes en la investigación de humanidades abogan por considerar a las migraciones de pueblos germano-bálticos como un flujo de personas que, si bien en algún momento inicial pudo generar tensiones y derivar en conflictos incluso armados, a medio y largo plazo supuso un proceso mucho mejor engranado de establecimiento de relaciones a nivel sociocultural y sincrético-religioso, que no pudo sino contribuir al enriquecimiento del substrato humano paneuropeo...

Sí, claro, y una polla.

Los vikingos eran unos mierdas. No, no eran unos canis. Para ser cani uno debe de haber nacido en un lugar de este planeta donde existan, al menos, dos estaciones claramente diferenciadas. Y esta peña provenía de lugares donde hay nueve meses de crudelísimo invierno y, despúes, tres de frío, nieve, alcohol, depresión y suicidio. Solamente unos tipos que arrastraran una existencia tan miserable podrían inventarse algo como el Valhalla, el Paraíso vikingo, donde vas a pasarte el resto de la eternidad bebiendo, luchando y follando... ¡Ay, qué penita de europeos septentrionales! ¿Tenéis que esperar a moriros para aspirar a semejantes goces? Los mediterráneos ya lo disfrutamos en vida. Y luego al fenecer, si hemos sido buenos, habremos aprobado las oposiciones a funcionario en alguno de los ministerios que San Pedro tiene montados por allí arriba, o incluso de asesores, que es lo más, y descansaremos de tanto ajetreo, y si hemos sido malos entonces conseguiremos un contrato de trabajo indefinido en alguno de vuestros países... digoooo, iremos al Infierno.

Además, los canis se rigen por un código de honor, la mayoría de las veces abstruso y despreciable, que respetan aunque les vaya la vida en ello; los vikingos, por su parte, inventaron la socialdemocracia... Por eso los gitanos se reúnen alrededor de la tumba de uno de los suyos, rememorando al guerrero allí enterrado, y los escandinavos compran vodka estonio, un billete de avión barato y se vienen a Mallorca a dar porculo, emulando un comportamiento que, en sus respectivas democracias, sería constitutivo de delito castigado con la pena de muerte si no la hubieran abolido tras haber agotado el cupo de apiolamientos que todo pueblo tiene asignado por Dios. Porque no valen ni para macarras. Y a los hechos nos remitimos: los únicos lugares que pudieron controlar hasta la consecución de un estado territorial organizado fueron Normandía, las islas británicas y Ucrania; motivo por el cual franceses, británicos y ucranianos, nos caen tan mal. En los dos primeros casos porque son feos y estirados. En el de los ucranianos, porque no son rusos de verdad sino unos malos imitadores; el mismo motivo por el que los orcos de Mordor nos parecen guays y los de Saruman una chusma ciclada, pagada con dinero de la C.I.A.

Los vikingos, según la historiografía tradicional (izq.) y según las nuevas corrientes de pensamiento buerrollista (dcha.). Como pueden comprobar, ambas coinciden en la presencia de cuernos en sus cabezas, por algo será...

Entonces, ¿por qué gustan tanto los vikingos? Bueno, en el caso del imaginario colectivo femenino, Páramon Jístori posee una teoría original que no va a explicar aquí porque desea seguir conservando a sus lectoras –si es que tiene alguna–; en el caso del resto del género humano por pura y simple decadencia moral e intelectual. Al igual que la idea que tienen ustedes de un caballero distinguido es la de Guardiola, Florentino Pérez o Emilio Botín, y la de una dama ejemplar a Carmen Lomana, la Duquesa de Alba o la Infanta Cristina; del mismo modo se ríen como garrulos cuando una bestia salvaje sin duchar y sin pelar, entra de noche en un pueblo o en un monasterio y provoca una matanza: porque ustedes se identifican con ese animal, creyendo encontrarse seguros en el vértice de la cadena alimentaria... ¡Ja! ¡Ilusos! ¿Sabe usted manejar un arma de fuego o un arma blanca? ¿Estaría dispuesto a utilizarlas arbitrariamente contra un semejante desarmado e indefenso? En caso de haber contestado negativamente a alguna de las dos cuestiones, lamentamos informarle de que es usted uno de los que dormía plácidamente en un jergón de paja húmeda cuando notó que sus esfínteres se dilataban por la fuerza.

¡Ahí está el tío! ¡En la cima de la evolución humana!

–Bueno, oiga, pero por lo menos reconocerá que los vikingos eran unos guerreros fieros y bien adiestrados en el arte de la guerra.

¡Un mojón! Los idolatrados piratas escandinavos se comportaban como unas ratas traicioneras, atacando a gente indefensa, robando lo poco que tenían para salir quemando ruedas antes de que llegara la benemérita. ¿Acaso admira usted a los albano-kosovares que asaltan una vivienda por la noche, repartiendo hostias como quien reparte flyers a la puerta de un bar de copas, para llevarse el plasma, las joyas y todo el dinero B que el honrado empresario hispano atesora en su caja fuerte? Los vikingos se han ganado fama de diestros luchadores porque los frikis recreacionistas tienen que justificar de alguna manera ante sus familias el vestirse de gilipollas cada cierto tiempo, pasando penalidades en una tienda de campaña que no es precisamente del Decathlon y con menos higiene que una herida en el ojete. También porque estos salvajes asesinaban a las pobres gentes para meter miedo, motivo por el cual usted siempre deja colarse en el súper a todo eslavo que vea, porque todos sabemos que esta peña, antes de venir a España, eran de las fuerzas especiales o del K.G.B. (obsérvese que he logrado meter a las dos agencias de espionaje más famosas, juntas, en un artículo dedicado a los vikingos...; todavía dudo si mi madre parió a un genio o a un enfermo peligroso).

Si te los encuentras en el LIDL, déjales pasar siempre. Una señora de Vicálvaro no lo hizo y, desde entonces, ningún repartidor le sube la bombona a casa...

–Bueno, sí, vale; pero su objetivo final era el de instalarse en un lugar mejor, con su familia y acabar trabajando la tierra pacíficamente, lo cual resultó beneficioso para los habitantes de la zona.

Ya... En fin, pues pregunte usted por la periferia de Madrid y Barcelona, pregunte... Se sorprenderá de que alguno incluso habría preferido que las pateras se limitasen a asolar las costas del Estrecho, llevándose de vuelta como esclavos para sus tierras a los perropastas y gafaflautas (ambas palabras tienen mi copyright, cuidaíto) xenofílicos que tanto alaban la multiculturalidad, a cortijeros, capillitas y rocieros variados, a los propietarios de los coches tuneados con sus respectivos vehículos, a un buen puñado de chonis escandalosas y a todos los concejales de urbanismo de los municipios playeros de Huelva, Cádiz y Málaga...

Da igual todo lo que queramos explicar aquí; para tu abuela estos son los auténticos vikingos...

Desengáñense de una vez por todas damas y caballeros, que Páramon Jístori está aquí para ayudarles. Para ello, tomemos como ejemplo las peripecias de estos queridos nórdicos por la Península Ibérica.

El primer viaje low-cost de Viking Air hacia la Península está documentado en el año 844 y fue un auténtico tour de force etílico y parrandero. Las criaturitas del norte tuvieron que venir en barco, ya que, después de lo del 11-S, montarla en un aeropuerto se había convertido en una cosa muy chunga. En aquella época Volvo y Saab manufacturaban más de una docena de drakares al día, por lo que el currito vikingo de clase media-baja, podía costearse los saqueos de fin de semana con la parienta, los niños, el cuñado plasta y la suegra berserker. Y como la costa occidental de Europa ya estaba masificada de turistas suecas en bikini y moteros barrigones, la expedición organizada por la Hermandad de Nuestra Señora Freya y Nuestro Padre Odín de Oslo, la Real Asociación de Incursores y Damas Saqueadoras (RAIDS en sus siglas rúnicas originales) y el sindicato de carpinteros de ribera, patrocinados por cervezas Kryss av feltet, terminó por recalar en pleno mes de agosto a las tres de la tarde, en las costas de Galicia.
 
Kryss av feltet, orgulloso patrocinador de la Selección Noruega de Asaltantes y Piratas Vikingos.
Que nunca falte en tus bodegas...

La tragedia estaba servida porque a los noruegos, con tanto trajín por encontrar un sitio tranquilo con chiringuitos decentes y camareros que no les cantase el alerón por soleares, después de haber desayunado tarde y mal en Gijón, se les había pasado la hora del almuerzo (bueno y casi de la cena, que estos tíos del norte son muy mijitas con los horarios). Iban con la boca seca, el casco recalentao y más rojos que carabineros. De modo que el jefe de la expedición, un tal Ragnar Rodriguesson, a la tercera vez que la parienta le dijo “¿ves dónde acabamos con tu puta manía de no preguntar el camino?”, acompañado por el torpedeo moral de su señora madre política que remachaba con “300 euros en el GPS y se lo deja en Oslo. Mi Snorri, que Thor tenga en el Valhalla, con la Guía Campsa nos llevaba a todos sitios en el Seíta”, y el archiconocido mantra “papá, ¿falta mucho para empezar a matar?”; aparcó el drakar en doble fila, puso pie en tierra y se fue al primer bar que encontró abierto en la Ría de Arosa.

A los gallegos, el primer avistamiento OVNI de su historia les pillaba iniciando el almuerzo, por lo que las prisas de los guiris que querían que les atendieran los primeros, les sentó fatal. Aquellos tíos armados hasta los dientes, con sandalias y calcetines, con más peste que una abubilla y menos modales que un tertuliano de Telecinco, se pusieron los primeros en la terracita, arrasaron –literalmente– con el lacón con grelos y el pulpo a feira, se pimplaron barriles y más barriles de Estrella de Galicia y esquilmaron el ribeiro de la bodega. Todo ello sin pagar y, sobre todo, sin dar las gracias, que ya sabemos todos que los europeos del norte son muy educaditos en sus países pero luego llegan a Resort España y hacen lo que les sale de los huevos. La mayoría de parroquianos tomó las de Villadiego cuando los vikingos, en un alarde de solidaridad intercomunitaria, comenzaron a ofrecer minijobs y a llevarse licenciados por la cara; algo que supuso el inicio del fin de la aventura noroccidental de los energúmenos escandinavos. Al rey Ramiro I de Asturias (842-850) le habían jodido la partida de mus con los amigotes y la posterior siesta, por lo que determinó formar un ejército integrado principalmente por miembros de los Riazor Blues y, al grito de “¿Me vais a joder un día de sol, cabrones?”, les plantó cara en La Coruña (sus asesores de imagen, ante tan chusco y ordinario eslogan, coincidieron posteriormente, en sustituirlo por el más impactante “Santiago y cierra Eppppaña”, que tanto furor causaría entre los demócratas). Les levantó con la grúa municipal algún que otro drakar, les hizo pagar por lo menos los cafés y los mandó a tomar por saco al sur, recomendándoles el restaurante de un primo suyo que hacía una cataplana cojonuda en Lisboa.

La vanguardia de Ramiro I de Asturias con el rey arrodillado, en primera fila, amenazando con el cetro de don Pelayo.

La horda invasora causó grandes estragos durante trece días en la actual capital lusa, el tiempo que tardaron en darse cuenta de que, confundidos por los bigotes, estaban masacrando a las mujeres y violando a los hombres. El gobernador musulmán de la plaza fuerte, estuvo otros tantos tronchándose de la risa, pero convencido por sus asesores de que su actitud no favorecía en nada el bajo índice de popularidad que gozaba de cara a las primarias del partido, bajó de la alcazaba y los puso a esperar en la parada del tranvía 28 que lleva al barrio de Alfama donde, desesperados por ver que iban todos llenos, los noruegos regresaron a sus barcos y pusieron rumbo más al sur todavía.

Joâo Solo do Corellia do Nascimento y señora. Al final del día, uno de los dos será forzado...

De este modo alcanzaron Cádiz, lugar fortificado donde unos cachondos les dijeron a los guiris que remontaran el Guadalquivir hasta llegar a la ciudad de los “Miarma”, de los “Kiyo” o, simplemente, Isbiliya. Ragnar Rodriguesson que por entonces ya estaba hasta el cipote de vacaciones y soñaba con regresar a Oslo para pescar bacalao, tomó la decisión de pasar a cuchillo a toda la población de Coria del Río, localidad ribereña sevillana, cuando un gorrilla le rayó el drakar con unas llaves por no querer pagarle el impuesto revolucionario. Cuando se enteró de que la Feria era en abril y habían llegado en septiembre, de que allí no le vendían cerdo ni cerveza a partir de las diez de la noche y de lo que costaba la zona azul en la Sevilla islámica, enfiló para Triana con la intención de liarla parda. La ciudad, que según los historiadores progres acogía a las tres religiones en perfecta paz y buena vecindad, y según los nacionalmeseteños era un nido de traiciones y ultrajes hacia los españolísimos mozárabes, languidecía abotargada por ese tiempo que los sevillanos denominan “la caló der membrillo”, por lo que recibió estopa en forma de auditorías contables sobre los Fondos Europeos de la Junta de Al-Andalus, mientras el gobernador pillaba el coche oficial y se refugiaba en Carmona. Allí perecieron judíos, musulmanes y cristianos por igual, ya fuera abrazaditos unos a otros o apuntando con el dedo y diciendo “cárgate al puto judío/moro/cristiano primero”. Una vez más tranquilo, después de comprobar que el dinero de los industriosos vecinos comunitarios no estaba siendo malgastado en chanchullos no autorizados por Bruselas, Ragnar Rodriguesson, admirador de Jimmie Åkesson y Timo Soini, asentó sus reales en Tablada, junto a las chabolas de los gitanos rumanos, les compró alcohol y hielo a los chinos y dio comienzo a una larga tradición de macrobotellonas en la capital hispalense. El arraigado culto a las divinidades agrícolas en el valle del Betis, es la causa principal de que se coloquen en femenino multitud de vocablos. Así, no sólo tenemos botellona (en lugar de botellón), sino litrona, maricona o mamona...

Macrobotellona de 1044 en Isbiliya, con motivo del bicentenario de la primera, organizada en España por Ragnar Rodriguesson, de la que no quedan imágenes. En primer plano un guardia de la taifa.

El alcalde de la época, que era del PSOE, les dejó hacer lo que les saliera del ciruelo porque no quería que sus socios de IU le tacharan de facha autoritario y racista por tratar de emplear medidas drásticas contra unos pobres inmigrantes y por no dejar divertirse a la chavalería. De esta forma, la única actuación que llevó a cabo fue enviarles a los locales para que, por favor, les pidiera que bajaran el volumen de los Alpine, para que comprobaran el DNI de los que vendían grifa y para que, en colaboración con la Guardia Civil de Alá, montaran un dispositivo en las principales salidas del botellódromo. To pa mierda, como conocen de sobra los honestos ciudadanos que, hoy día, han de sufrir en sus carnes a los niñatos que se emborrachan en estas macro-orgías que nada tienen que ver con la sana costumbre de embriagarse dignamente en una tasca, ¡joder, ya con el puto Felipe González y el país de vagos y maleantes que nos legaron los sociatas, coño!... Esto, ejem… ¿por dónde iba?... Ah, sí. El rey Abderramán II (822-852), que era muy campechano él, se apiadó de los hispalense y envió desde Córdoba a la U.I.P. al mando del general maño Musa ibn Musa ibn Qasi, que se dedicó a hostiar vikingos como si estuviera en la previa a un derbi Real Madrid-Atlético. A los pocos que no huyeron o resultaron muertos, les obligó a instalarse en Isla Mayor y sacarse un título de Formación Profesional, que después aprovecharon para montar una cooperativa quesera, motivo por el cual actualmente Sevilla tiene uno de los quesos de cabra más caros y asquerosos de toda España.

Vestigios actuales de la presencia vikinga en Sevilla...

Ragnar Rodriguesson retornó a su Oslo natal, se divorció de su mujer, enroló a su suegra en un petrolero y se juró a sí mismo que esperaría a la jubilación para volver a España, comprarse una casita en Mijas y disfrutar más calmadamente del Mediterráneo.

sábado, 13 de abril de 2013

Efemérides

En el día de hoy celebramos la festividad de San Hermenegildo, un numetalero, rolero y heterosexual criado en la Meseta que, harto de escuchar a su padre Leovigildo decir lo bueno que eran los Maiden, Led Zeppelin, AC/DC y los Barón Rojo, y de lo pelota que era su hermano Recaredo que le bajaba los mp3 de heavy clásico a su padre del Visigotorrent, decidió, aconsejado por su mujer Ingunda (una merovingia amante de Lacuna Coil, Nightwish y demás moñadas) y por los canis y capillitas de Sevilla al mando de Leandro (primer manager de Cantores de Híspalis), proclamarse rey del rock en la Bética.
Su padre bajó de Toledo con toda su banda de moteros, los Gothic Survivor, cerró los bares de flamenquito de Itálica y Osset (San Juan de Aznalfarache) que habían proliferado por la permisividad de su hijo, les cortó el suministro de Cruzcampo y, finalmente, aprovechando un partido de fútbol amistoso con Bizancio, tomó Hispalis. Hermenegildo se rindió a su hermano Recaredo en Córdoba, adonde había huido a refugiarse con los hispanorromanos de Nuevas Generaciones y patillas de hacha que lo habían acogido.
Las crónicas de patilla ancha defienden  en todo momento a Hermenegildo, del que llegan a decir que cambió las camisetas de Blind Guardian por castellanos, polo y pantalón de pinza; se hizo hermano mayor de nosecuantas hermandades hipalenses y desafió a su padre llamándolo jipi. Por su parte, otras fuentes históricas contemporáneas al hecho histórico como el Kerrang, la Metal Hammer e incluso Rolling Stone, aclaran que "en oyendo el sordo clamor de las monturas de los fedatarios del rey [del metal] Leovigildo, el rebelde Hermenegildo vació sus intestinos sobre la regia vestimenta cortijera (...)". También se afirma que Recaredo aconsejó a su hermano que le pidiera perdón a Leovigildo prometiéndole que iba a quemar todos sus CDs de Ramnstein; pero finalmente lo mandaron ejecutar por afirmar que Txus de Mägo de Oz era el mejor batería de heavy metal de toda Hispania.
A pesar de tanta sangre derramada, a la muerte de Leovigildo, Recaredo colgó la chupa de cuero y se dedicó al indie; también fundó la SGAE y la puso en manos de los hermanos Leandro e Isidoro. Fue el fin de Arriano Records: el fin del metal peninsular y el advenimiento del pop "Canto con voz de asco y necesito un logopeda".
San Hermenegildo en éxtasis escuchando a
Evanescence. Debajo su padre se lamenta por haberlo enviado de erasmus a Uppsala.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Furricato, pastor lusitano

Furricato nació en algún lugar de la antigua Lusitania, en algún momento del primer tercio del siglo II a. C. (antes de Cristo, del Cristo cristiano, entendámonos; no significa antes de Crespúsculo, ni antes de las Guerras Clon -que en todo caso se escribiría a. G. C. y demostraría que hay seres humanos masculinos a los que el onanismo y la puta Coca-Cola Zero sí ha logrado reblandecer el cerebro. ¡Frikis de mierda!-). Aunque diversos especialistas especulan sobre el origen exacto de nuestro protagonista (es lo que tiene justificar el sueldo con publicaciones, que te dedicas a investigar cualquier mierda), lo cierto es que hoy día resulta imposible averiguar si su madre lo parió en Portugal o en España, entre otras cosas porque las fuentes clásicas no mencionan que portara toalla y condujera temerariamente por las vías romanas o, por el contrario, que hablara a gritos y tuviera opinión propia para cualquier tema.

Podríamos aventurar su posible pertenencia a uno de los cuatro grupos humanos que, tradicionalmente, se dice que poblaban la piel de toro (algún día alguien podrá explicarme de verdad en qué se parece la Península Ibérica a una piel de toro extendida, cuando está claro que tiene la silueta de una señora con hidrocefalia): celtas, iberos, celtíberos o tartesios. Sin embargo, debemos descartar inmediatamente una procedencia tartesia, porque las fuentes dejan bien claro, aunque sea por omisión, que Furricato no recibió una subvención pública a lo largo de toda su vida; algo que va en contra de las tradiciones tartesias documentadas. Por otra parte, en Páramon Jístori nos negamos a calificar su procedencia como ibero, celta o celtíbero porque entonces le estaríamos bailando el agua a los "jachondos" de los griegos, que fueron clasificando a la gente que se fueron encontrando en sus periplos por aquí, según les recibieron de mal: iberos si trataban de robarle la cartera, celtas si trataban de quemarlos vivos y celtíberos si hacían las dos cosas a la vez. Además, que luego todo el mundo se apunta a buscar sus raíces en fantasmadas Made in Greece o Made in Roman Empire, para poder dormir mejor por las noches: los de derechas para justificar su gañanismo con la excusa de que "ya los íberos, un pueblo muy civilizado, hacían corridas de toros, usaban mantilla -como la dama de Baza, la de Elche o la de Fuenlabrada-, y leían el ABC"; los de izquierdas para "desvincularse de eje fascista españolista ibero-romano-medieval, abrazando una cultura de hombres y mujeres altos, rubios, libres y demócratas, que tocaban una música que fusiona con todo, como el flamenco y que, lejos del fanatismo dogmático cristiano, eran amante de las drogas blandas, la ropa holgada y la botellona en el campo"; el celtíbero queda para los meseteños que, tras siglos de habitar en la parte más fea de España y haciendo alarde de gran coherencia política votan al PP por su política social y al PSOE por su liberalismo económico...

De izquierda a derecha: Guerrero celta con vinilo de Loreena McKennitt; ministra de Cultura ibera; alcalde conservador de oppidum celtíbero.

Una jodida falacia todo esto, porque el sentido común nos indica que la Península Ibérica ha estado poblada desde Atapuerca o incluso antes, por un tipo de gentuza cuyo denominador común ha sido la inveterada costumbre de putear al prójimo con la creatividad que, esta vez sí, caracteriza al genuino indígena del solar ibérico. Es posible que hablaran lenguajes distintos, que se recogieran el moño de diversas formas y que compraran las espadas unos en Carrefour y otros en el Hipercor; pero el romano medio no distinguía muy bien entre etnias cuando, medio afligido y medio encabronado, refería a sus compatriotas: "el puto hispano de mierda..., que me ha intentado levantar seis denarios por dos botijos y una flamenca diciendo que eran antiguedades egipcias; ¿es pa invadirlos o no es pa invadirlos?".

Además, queridas lectoras y queridos lectores, sentirse orgulloso de los antepasados celtas es como celebrar, empleando para ello la misma cantidad de neuronas, el hecho distintivo de pertenecer a la "raza latina"... El imperio se inventa un insulto racista y tú te lo cuelgas de tu henchido pecho y se te caen dos lagrimones gordos mientras compadeces al resto de los cinco mil millones de habitantes de la tierra que no comparten tu suerte y tu destino... ¡Ole tus huevos! Eso sí, al igual que sucedía con los mal llamados celtas, en cuanto reúnes en un espacio físico o virtual a dos o más representantes de los distintos pueblos "latinos" (a los del otro lado del charco y a los de aquí, sin distinción oye, que para mí majaderos hay hasta en mi familia), falta tiempo para que se maten unos a otros. De lo cual deduzco que una de las virtudes de la raza latina es la de odiar al resto de latinos, del mismo modo que la mayor diversión de los bárbaros apestosos que, gracias a Júpiter, los romanos lograron someter, era la de decapitarse y quemarse unos a otros.

Latinos: así nos vemos nosotros...


Así nos ven los celtas...

Pero en Páramon Jístori seríamos unos derrotistas indocumentados si no alabásemos la gran herencia cultural de ambos pueblos, el antiguo y el moderno que, por sí mismas, ya servirían de aval para recibir la calificación de etnia: los celtas nos legaron el pantalón, sin el cual, hoy día nadie nos tomaría en serio en las entrevistas de trabajo; la cultura latina, por su parte, nos ha dado los mejores culos femeninos del planeta, sin discusión.


(No, querido heterosexual, aquí no falta una foto de mojinos güenos; ¡¡ESTO ES UN BLOG DE HISTORIA!!).


Si me permiten seguir insistiendo en el tema (y si no, dejen de leer, regresen a Google y vuelvan a teclear Viriato, celta, latino o cualquiera de los términos de búsqueda que les han llevado hasta aquí), el invento del celta tiene un recorrido historiográfico que podemos resumir a continuación.

Todo comenzó una vez producido el relevo de los Austrias por los Borbones en el banquillo de la Roja y desmantelado el exitoso tiki-taka del Imperio Español allá por las postrimerías del XVIII y principios del XIX. No obstante, los historiadores nacionalperiféricos y otros perroflautas sin estudios, adelantan la fecha de la decadencia del fútbol ehpañó un siglo antes, siguiendo a los estudiosos anglosajones que, con la ayuda de Hollywood, cualquier día van a lograr que nos creamos que la época en que todo el mundo apretaba el ojete ante los ropajes negros de las tropas del Caos Católico, no existió jamás. Pero bueno, ustedes pueden creerme a mí o a toda una tradición de expertos nacidos en unas islas del Atlántico donde la gente prefiere estudiar la carrera de Historia por vocación antes que tener que procrear con sus mujeres. De hecho, tanto investigador, tanto Nobel y tanta eminencia y todavía no han descubierto por qué, a pesar de haber disfrutado de un mestizaje similar en cantidad a la del Sur de Europa, han terminado por ser tan feos, coño. ¿La diosa Mórrígan se vengó de ellos por haber perdido contra los romanos? No sé, de verdad.

Bueno, como decía, que en plena desmembración -no voy a caer en el chiste fácil- del Imperio, los amigos luteranos, anglicanos y demás herejes europeos, se percataron de que todo lo que realmente molaba, procedía del Mediterráneo: el pan de trigo blanco, las frutas que te prohíben en las dietas, el tinto de verano... ¡joder, el propio verano!..., y que el pelo negro rizado cubriendo toda la espalda y las patillas de hacha, ponían más brutas a sus gachises que cualquier peluca blanca con coleta. Y es que, así no hay manera de crear un espíritu nacional propio, cojones. Por eso, ante la insoportable comparación, decidieron recurrir a la imagen del cachas rubio, de pelo largo, barbacas y cuernos en el casco; al guerrero celta, valiente, armado y con mala leche, para enfrentarlo al mediterráneo bajito, civilizado, cobarde y haragán. Y así obtuvieron el "Celtic Cani Reloaded".

Luego llegaron los tiempos del "Iglesia KK" y "la Razón mola (no el periódico, ¿eh, amiguitos de la ESO?), que fueron fundamentales en el futuro desarrollo del sentido de la existencia de Enya, Hevia y tantos y tantos músicos alcohólicos irlandeses, a la misma vez que, lamentablemente, impidió que las hermanas de The Corrs se hubieran dedicado al noble oficio del porno y no a cantar chuminadas.

Private Special: Hot Celtics Squirting Blowpipers

No obstante, como hemos señalado más arriba, cuando todo el mundo se sentía ya súpercelta, a base de meter por medio a druidas, dioses, duendes, Arturo, Merlín, Stonehenge y la madre que los parió a todos, aquellos simpáticos poligoneros prerromanos consumidores de sustancias psicotrópicas forestales y amantes de las barbacoas con enemigos derrotados, habían terminado por convertirse en unos hippies de manual, con rastas, mugre y con tías sin sujetador y olor a cebolla de hamburguesa del Burriking.

La salvación iba a llegar entonces de manos de unos canis algo más septentrionales: los pueblos bárbaros germánicos; porque los amigos alemanes no podían presumir de gaitas celtas, pero sí de criaturas humanoides asilvestradas de higiene personal cuestionable. Con lo que todo fue a peor... ¡Ay, querido Robert E. Howard! ¡Si te hubiesen puesto palote los contables con chaqueta y corbata en lugar de los tíos cachas, piratón! Ahora mismo, en lugar del infumable Dungeons & Dragons (TM), jugaríamos a algo más divertido como Salones de Banquetes & Alcobas; en lugar de clonar miles de veces a tu querido Conan, leeríamos entusiasmados la emocionante El stylus civilizado de Narciso el Escriba, y crearíamos maravillosos personajes de nobles rentistas para poder disfrutar de Aristócratas: el juego de rol (futura TM), donde consigue más puntos de experiencia aquel que logra que otros hagan las cosas por él. Además, la juventud escandinava se dejaría de inventar nombres absurdos para nombrar estilos de heavy metal, como si fuesen muebles del catálogo de IKEA y de asesinar a compatriotas; de este modo, Nokia nunca habría perdido la carrera frente a Android.

Afortunadamente, el pasado siglo nos dejó a varias mentes preclaras que rescataron a Europa del la ignorancia oscurantista decimonónica y nos lanzó de nuevo en los brazos de la new age clásica. Estamos hablando de prohombres de la talla de Hitler, Mussolini o Franco (aquí lo de la talla, bueno...). Estas criaturitas se dieron cuenta de que, para molar de verdad en los desfiles, había que recuperar el estandarte de las legiones romanas, con su águila; el saludo romano, con su brazo derecho en alto, como parando un taxi pero más marcial; las antorchas, los fasces, las centurias, la retórica huera, el revisionismo histórico, el antisemitismo, la xenofobia, el invadir y saquear por la jeta, el... Bueno, ya me entendéis... El celta ñoño quedó enterrado durante un par de décadas, hasta el advenimiento de John Ronald Ruelen "England über alles" Tolkien.

-Y digo yo, Günther, ¿no hubiera sido mejor celebrar el encuentro del partido con una batukada y mojitos?
-Querido Jürgen, lo de ser ario solamente al 85% te va a traer problemas algún día...



Ejem, creo que ya se me ha ido bastante la olla... Regresemos con la biografía de nuestro héroe, que es lo que nos ha reunido a todos hoy aquí. Furricato se dedicaba al único oficio viable en la Península Ibérica si no tenías terminado el F.P. y te había pillado el estallido de la burbuja inmobiliaria: Pastor. Con mayúsculas, porque es un oficio de tíos machos, no como el de agricultor. Es obvio, ¿no? Si eres pastor puedes ir guarro todos los días, tener un perro aún más sucio que tú, zumbarte a todas las hembras del rebaño a pelo, sin que se cabreen el resto de ovejas y sin tener que comprometerte con ninguna y, además, puedes comer queso todos los días sin que te llamen mariquita. El curro perfecto, queridos amigos.

Algunos estaréis pensando: "¡Coño! Pastor; como Viriato"... No, queridos, Viriato no era pastor. Furricato sí; Viriato, no. Viriato era el hijo cleptómano de un caudillo lusitano (un cani viejuno retirado), que no le declaró la guerra a Roma como venganza por las injusticia cometidas contra su pueblo, sino porque entraba a robar en el economato romano smartphones, relojes y demás cosas caras de los marines itálicos, para él y sus colegas y un día les pilló el jefe de seguridad, un tal Sulpicio Galba, y se les cayó el pelo. Viriato juró entonces venganza y bla, bla, bla...

Furricato quería ser romano. Era con lo que soñaba entre taquito de queso, rascada de culo y cigarrito postcoital. Soñaba con tener una equipación como la de los legionarios romanos: cota de mallas Adidas, sandalias Nike y gladius de Apple con bluetooth, wifi y aplicaciones molonas como la iTestudo, la Aquilifer GPS Localizator, la Centurio Personal Trainer y el reproductor de podcasts LiveSPQR. Él, como lusitano de clase baja y salario mínimo interprofesional peninsular, a todo lo más que podía aspirar era a las imitaciones que vendían en el mercadillo que los tartesios montaban cada domingo en el pueblo. Todo made in Fenicia, ¡puaj!

-Ahí los tienes, Furricato, escudo, sponsor, lorica hamata CLIMACOOL®... Así da gusto fundar un Imperio, coño...

Ante la imposibilidad económica de adquirir los objetos de sus sueños, Furricato se unió a la banda de Viriato, para poder robarlos. Y al principio todo fue bien, como conocemos por las fuentes históricas: el economato de las legiones asumía las pérdidas y compesaba subiendo los precios y subcontratando en Hispania auxiliares. Viriato y los suyos regresaban a su tierra todos los años con las manos llenas y sus chatis, todas contentas, presumían de marcas de diseñadores italianos. Pero la avaricia choni no conoce límites: los lusitanos eran cada vez más descarados en sus hurtos y a algunos les dio ya por mangar el cobre de las vías romanas. La DGT se cabreó bastante entonces y llenó Hispania de patrullas de la benemérita, con tan buen resultado que las famosas rivalidades entre pijos y canis lusitanos fueron en aumento: a los primeros no les importaba pagar la multa y seguir con las fechorías; los segundos bastante tenían ya con la hipoteca y la letra del León Cupra como para andar aflojándole la guita a los de oliva. Viriato, después de recuperar todos los puntos del carné por medio de un abogado amigo de su viejo, fue traicionado por tres tíos de Osuna que se habían unido a su banda: el Loco, el Shino y el Bengalas (o como se escribía en su idioma original: Audax, Ditalco y Minuro); que lo entregaron en un la puerta de un cuartel de las legiones a cambio de poder pasar la ITV con los faros de xenón y el spoiler sin homologar.

El destino de Furricato, después del conflicto intestino resulta un poco incierto. Hay fuentes que abogan por confirmar su muerte durante la reyerta posterior a la ejecución del líder. Otras, más optimistas, creen que Furricato, habiendo participado en la traición junto a los ursonenses, recibió como recompensa el derecho a ingresar en la cohors equitata Shurmanorum y recibió a cambio la segunda equipación romana que, como siempre, es la que más mola.

miércoles, 25 de julio de 2012

Carchuto, el último de los alanos




Ser miembro de la tribu de los alanos se había convertido en una mierda alrededor del año 418 d.C. Sí, vale, molabas porque eras un bárbaro auténtico, de sociedad nómada y pastoril; el puto Hell Angel de las migraciones germánicas en la Antigüedad Tardía. El merchandising que ibas a generar en el futuro rivalizaría con el de Star Wars y, al contrario que las mariconas de los jedis, a ti te venerarían miembros del sexo masculino, heterosexuales, carnívoros y bien proporcionados; no gordos vírgenes y otros fanáticos del zen vegano.

A la izquierda, ¡una ídola, una crack, una diosa antigua del pueblo alano! A la derecha... pffff, ¡bwahahahahahaha!


Pero, hoy por hoy, la cosa se había puesto muy chunga. Ya debías de habértelo olido hace unos años: el desempleo estaba por las nubes pero, asaltar una oficina del Inem romano más allá del Rhin aprovechando que el río estaba congelado, no había sido una buena idea en el fondo, no. Y menos si lo hacías junto a los suevos, unos catetos obsesionados con las subvenciones del subsidio agrario de Roma; los vándalos asdingos, unos canis cuyo dios pagano era un cantaor indoeuropeo de la Bactriana, y los vándalos silingos, unos pastilleros que adoraban a una espada clavada en el suelo –tócate los cojones—y con tendencias destructivas alarmantes. Las posibilidades de acabar en un epic fail eran muy altas pero coño, ¡qué movidón, colega!: Roma no pudo conseguir antidisturbios suficientes para desalojaros y al final os quedasteis en la Galia…


De izquierda a derecha: guerreros suevos, vándalos asdingos y vándalos silingos, tal y como los describe la Crónica de Hydacio en el siglo V d.C.

¡En la Galia, macho! ¡Toma! ¡Triunfazo!: vino, aceite, trigo y tías limpitas y liberales… El Paraiso arriano, joder. ¡Os había tocado la lotería de Wotan; el premio gordo de los Nibelungos! Que sí, que a la gente le gusta mucho la imagen del bárbaro libre, salvaje e indómito; pero lo que mola de verdad es comer todos los días, y a ser posible dieta mediterránea, que a la larga las arterias se resienten con tanto jabalí, tanto venado y tanta manteca. Los bosques está bien para un rato: para cazar, ir a por leña y poder cagar a gusto lejos de la choza. Para todo lo demás, los árboles mejor cortaditos y apilados en la chimenea. Y al que le mole la mugre, la peste a choto, la barriga cervecera y las novias feas, que se meta a recreacionista.

Así comienza una de las leyendas germanas más famosas: "Fuése Ememberga  al bosque a mear tranquila y encontróse al pueblo antiguo mirándole el culo...". En antiguo alemán rima mejor, lo juro.

Pero luego os liaron, reconócelo. A la peña dejó de ponerle pinocho la vendimia, las baguetes y el sexo oral en todas y cada una de las relaciones con las galorromanas. Entonces algunos empezaron a hablar de Hispania: que si se vivía mucho mejor que en la Galia, que tenía mejor aceite de oliva, que las tías estaban más buenas, que la liga de fútbol era mucho mejor, que el sector inmobiliario había experimentado un proceso de expansión sin precedentes, debido a la tendencia del hispanorromano medio a invertir en el opus latericium y, por ende, había trabajo para todo el mundo en los albañiles…

Constantinus Speculator Maximus. Moneda conmemorativa de la primera junta de accionistas de Bankia.
 
Desde luego que fuisteis gilipollas: escuchar las promesas de un césar hispano coronado por el general britano de otro usurpador que se creía heredero de Constantino el Grande… ¡Menuda panda de especuladores! Porque al principio todo fue de puta madre: llegasteis, repartisteis un buen puñado de hostias para llegar a un buen convenio laboral con los hispanorromanos y, para más suerte, a los alanos os tocaron dos provincias romanas en el reparto del PGOU: la Lusitania y la Cartaginense. De costa a costa para echar el fin de semana después del tajo a lomos de tu montura por las vías romanas, las autobahn del Bajo Imperio… Que se jodieran suevos y vándalos y Up the Irons!, hostias.
 
Hispania según el PGOU del año 410 d.C. En fucsia suelo VPO del ayuntamiento de Tarraco.

 Sin embargo, lo bueno no podía durar. El emperador Honorio pinchó la burbuja de los usurpadores Constantino III, Máximo y Joviano; intervino Hispania y os mandó de nuevo al paro a todos. Luego llamó a sus aliados visigodos para que os aporrearan por toda la Península, hasta que depusierais vuestra actitud violenta y cesarais en vuestras reivindicaciones. ¡Qué hijoputas los visigodos! Los típicos colegas de farra que, en cuanto se echan novia, aparcan la Harley y se meten a legionario. Y entre el 417 y el 418, estos traidores a la causa bárbara os dieron palos hasta en el carné de foederati.

Valia, rey de los visigodos, al frente de sus guerreros en algún lugar de Hispania; circa 418 d.C. Obsérvese que los federados visigodos habían adoptado completamente el armamento y las protecciones de sus aliados romanos.
Y ahora te ves en la puta ruina. Con un título de FP de Grado Medio de Incursor Bárbaro expedido por Teodosio, que no te lo convalidan salvo las prácticas de razzias y saqueos de empresas. No te queda más remedio que juntarte otra vez con los suevos y los vándalos lolailos en la Gallaecia, a tocar la gaita, o bajarte al sur y trabajar de segurata de los cortijeros de la Bética de patilla laticlavia (patilla de hacha para los que solamente hablan germano antiguo), a cambio de los papeles de residencia temporal.

Eso o, claro está, hacerte madero como los visigodos.

Aunque a ti te da igual. Lo importante es que te dejen tu espada, tu montura y tus CDs de Black Metal escandinavo…